viernes, 1 de abril de 2016

Papa Benedicto XIV - Enciclopedia Católica

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Viernes, 1 de abril de 2016







Papa Benedicto XIV





(PROSPERO LORENZO LAMBERTINI)


Hijo de Marcello Lambertini y Lucrecia Bulgarini, nació en
Bolonia el 31 de Marzo de 1675; murió el 3 de Mayo de 1758. Recibió su
educación primaria de tutores. A la edad de trece años fue al Collegium
Clementinum de Roma donde estudió retórica, filosofía, y teología. Santo
Tomás de Aquino fue su autor favorito, pero la inclinación de su
espíritu iba hacia los estudios históricos y legales, destacando en
estos últimos, tanto en derecho civil como eclesiástico. En 1694, aunque
de sólo diecinueve años, recibió el grado de Doctor en Teología y
Doctor Utriusque Juris (derecho civil y canónico). A la muerte de
Inocencio XII fue nombrado abogado consistorial por Clemente XI, y poco
después consultor del Santo Oficio. En 1708 fue nombrado Promotor de la
Fe; en 1712 canónigo teólogo en el Vaticano y asesor de la Congregación
de Ritos; en 1713 fue nombrado prelado doméstico; en 1718 secretario de
la Congregación del Concilio, y en 1725 obispo titular de Theodosia. Fue
nombrado obispo de Ancona en 1727 y cardenal el 30 de Abril de 1728.
Fue trasladado al arzobispado de Bolonia en Abril de 1731. Aunque de
ningún modo un genio, su enorme aplicación asociada a una agudeza de
mente mayor de la ordinaria, le hizo uno de los hombres más eruditos de
su tiempo y le dio la distinción de ser quizá el más sabio de los papas.
Su personalidad fue múltiple, y la gama de sus intereses amplia. Su
dedicación a la ciencia y la investigación seria de problemas históricos
no interfirió con sus estudios puramente literarios. “Se me ha
reprochado”, dijo una vez, “por mi familiaridad con Tasso Dante y
Ariosto, pero son una necesidad para mí para dar energía a mi
pensamiento y vida a mi estilo.” Esta dedicación a las artes y ciencias
llevó a Lambertini a lo largo de toda su vida a mantener un estrecho y
amistoso contacto con los autores y sabios más famosos de su tiempo.
Montfaucon, a quien él conoció en Roma, dijo de él, “Joven como es,
tiene dos almas, una para la ciencia, otra para la sociedad.” Esta
última caracterización no obstaculizaba su incansable actividad en una
de las muchas posiciones importantes que fue llamado a ocupar, ni
disminuía su asombrosa capacidad para el trabajo más arduo.


El celo y energía que Lambertini aportó a este cargo infundió
nueva vida a todos sus asuntos. Él mismo explicaba su asiduidad diciendo
que consideraba el episcopado no como un honor sino como una
oportunidad de hacer el bien. Su administración fue ejemplar: visitó
todos los lugares de su diócesis, celebró sínodos, incitó al pueblo a la
piedad mediante la palabra y el ejemplo, y supervisó los asuntos de su
diócesis tan completamente que nada que necesitara cambio o corrección
se le escapó. Su humildad y vasto saber fueron una fuente de inspiración
y fortaleza para su clero, y su comprensión amplia y firme de los
asuntos y problemas públicos le dio una posición de influencia única
entre los gobernantes y el pueblo. En su opinión el fundamento del éxito
en la administración episcopal era la completa armonía entre el obispo y
el clero, y él logró conseguir esto. A causa de sus maravillosas dotes y
su extraordinario éxito como obispo de Ancona, el Papa Benedicto XIII
deseaba trasladarlo a un cargo de mayor responsabilidad que le
permitiera desarrollar en un campo más amplio sus facultades y
actividad, pero el replicó en su habitual vena jocosa que ningún cambio
de puesto le podía hacer de otra forma que como era, alegre,
humorístico, y amigo del Papa. Cuando fue trasladado a Bolonia en 1731
sus energías y actividades parecieron redoblarse. Se hizo todo para
todos y se dice que no permitió a nadie dejar su presencia insatisfecho o
airado, y sin ser confortado y estimulado por su sabiduría, su consejo,
o sus advertencias. Sus esfuerzos se dirigieron mayoritariamente a la
mejora de la educación del clero en su diócesis. Reformó los programas
de estudios en su seminario y preparó un nuevo plan de estudios en el
que se ponía énfasis en el estudio de la Sagrada Escritura y la
patrología.


Cuando murió Clemente XII (el 6 de Febrero de 1740) la fama de
Lambertini estaba en su cúspide. Por intrigas de diversas clases el
cónclave que empezó el 17 de Febrero duró seis meses. Estaba compuesto
por cincuenta y cuatro cardenales de los que cuarenta y seis eran
italianos, tres franceses, cuatro españoles y un alemán. Estaban
divididos en varios partidos. Uno estaba compuesto de los que habían
sido nombrados por Clemente XI, Inocencio XIII, y Benedicto XIII; otro
por los nombrados por Clemente XII que eran conocidos como el nuevo
colegio. La larga, tediosa sesión, y el intenso calor no mejoró el humor
de los cardenales; después de seis meses de infructuosos esfuerzos e
intriga constante, la elección no parecía más próxima que al comienzo.
Se sugirieron diversos expedientes, tales como la retirada de los
nombres de los principales candidatos y la sustitución de otros, pero
fue inútil. Después de probar varios planes que terminaron en un punto
muerto, Lambertini, cuyo nombre había sido propuesto como compromiso, se
dirigió al cónclave, diciendo: “Si deseáis elegir a un santo, escoged a
Gotti; si a un estadista, a Aldobrandini; si a un hombre honrado,
elegidme a mí.” Estas palabras dichas quizá tanto en broma como en serio
ayudaron a terminar con la dificultad. Lambertini fue elegido y tomó el
nombre de Benedicto XIV en honor de su amigo y protector Benedicto
XIII. Como Papa, Lambertini no fue menos enérgico, esforzado, y modesto
que antes de su elección. Su gran saber le colocó en posición de tratar
con éxito las situaciones eclesiásticas que necesitaban reforma, y el
amplio espíritu cristiano que animaba sus relaciones con las potencias
extranjeras eliminó la presión y hostilidad de incluso las cortes y
gobernantes protestantes. Fue indudablemente liberal en sus relaciones
políticas, aunque nunca perdió de vista los intereses esenciales de la
Iglesia y la religión.


Política pública


Ir hasta el límite extremo de la concesión y la conciliación
parece haber sido el principio que dominó todas las acciones de
Benedicto XIV en sus negociaciones con gobiernos y gobernantes, tanto,
en realidad, que no ha escapado a la crítica incluso desde dentro de la
Iglesia de ser demasiado propenso a solucionar las dificultades haciendo
concesiones o compromisos. Pese a como se puedan juzgar sus acciones,
se piense lo que se quiera de sus motivos, no puede negarse que buscó
constantemente la paz y que pocas causas de fricción permanecieron tras
el final de su administración. Además, al estimar el valor y efecto de
sus concesiones, se ve que en casi todos los casos reforzó la influencia
moral del Papado incluso aunque se abandonaran algunos derechos de
patronato u otros intereses materiales. Ni fue su influencia menos
poderosa entre los gobernantes protestantes que entre los católicos; la
estima universal en que era tenido por todo el mundo significaba mucho
en una época, cuyo final iba a ser testigo de la destrucción de muchas
instituciones centenarias, tanto políticas como religiosas. Una
enumeración de sus principales negociaciones con los jefes de estado
mostrará que Benedicto sabiamente abandonó, en muchos casos, la sombra
de la autoridad temporal para mantener la sustancia de la supremacía
espiritual.


El rey de Portugal recibió el derecho de patronato sobre todas
las sedes y abadías de su reino (1740) y fue además favorecido con el
título de Rex Fidelissimus (1748).En la cuestión de las rentas de
iglesia y la asignación de beneficios eclesiásticos España fue también
tratada muy generosamente. En 1741 se dio permiso para gravar con
impuestos la renta del clero, y en 1753 el gobierno recibió el derecho
de designación de casi todos los beneficios españoles; en 1754 se
ratificó un acuerdo por el que las rentas de todos los beneficios de
España y de las colonias americanas se pagarían al tesoro público para
llevar a cabo la guerra contra los piratas africanos. El rey de Cerdeña
recibió el título de Vicario de la Santa Sede que llevaba consigo el
derecho de designación de todos los beneficios eclesiásticos en sus
dominios y la renta de los feudos pontificios a cambio de los cuales se
tenía que pagar una indemnización anual de mil ducados. Por mediación
del Papa se estableció en Nápoles un tribunal formado por igual número
de clérigos y laicos presidido por un eclesiástico, que constituía el
tribunal último para el juicio de casos eclesiásticos. Como mediador
entre los Caballeros de Malta y el rey de Nápoles el Papa llevó a feliz
término una controversia de larga duración. Mediante la Encíclica “Ex
omnibus christiani orbis” (16 de Octubre de 1756) la amarga controversia
relativa a la cuestión de la admisión a los sacramentos de personas que
no aceptaban la Bula “Unigenitus” fue concluida. Aunque insistiendo en
la autoridad de la “Unigenitus” y señalando que era obligación de todos
los fieles aceptarla con veneración, el Papa decretaba que sólo debía
excluirse de los sacramentos a aquellas personas cuya oposición a la
constitución pontificia fuera pública y notoria, y que por tanto
debieran ser considerados como enemigos públicos. El título de Rey de
Prusia adoptado en 1701 por el Elector de Brandenburgo fue reconocido
por Benedicto contra la vigorosa oposición de muchos miembros de la
Curia. María Teresa se refería a él como el sage par excellence, y
recibió muchos elogios del sultán a quien él se refería amistosamente en
sus escritos como el “Buen Turco”. Al final de su pontificado la única
cuestión de importancia en las relaciones exteriores de la Santa Sede
que no había sido solucionada con éxito era la referente al Patriarcado
de Aquileya sobre el que la República de Venecia y el emperador
reclamaban el control. Benedicto decidió que los derechos del
patriarcado debían dividirse entre el Arzobispado de Görz, en Austria, y
el de Udine, en los estados de Venecia. Esta decisión fue considerada
injusta por Venecia, que en represalia decretó que ninguna Bula, Breve, o
comunicación de la Santa Sede sería promulgada dentro de la
jurisdicción de la República sin la supervisión y aprobación del
gobierno.


Gobernante Temporal y Espiritual


Como soberano temporal Benedicto gobernó los Estados de la
Iglesia con sabiduría y moderación e introdujo muchas reformas con la
finalidad de disminuir los abusos y promover la felicidad y prosperidad
del pueblo. Con vistas a reponer el tesoro que había sido agotado por la
extravagancia de algunos de sus predecesores, especialmente de
Benedicto XIII bajo la influencia del cardenal Coscia, y por las enormes
inversiones para edificios públicos bajo Clemente XII, no hizo
promociones al Sacro Colegio durante cuatro años. Se promovieron medidas
para reformar la nobleza, se introdujo una nueva división comarcal de
la ciudad con la finalidad de una mayor eficiencia administrativa, la
agricultura fue favorecida y animada mediante la introducción de nuevos y
mejores métodos, se promovió el comercio, y el lujo se restringió,
mientras que la práctica de la usura, contra la que publicó la Encíclica
Vix Pervenit (1745), fue casi enteramente suprimida. Benedicto no
abandonó ninguna de las pretensiones de sus antecesores, pero el uso
liberal de sus poderes no tenía otro objetivo que la promoción de las
artes, de la paz y de la industria. Cuán serio era el problema se ve
mejor por sus propias palabras: “El Papa ordena, los cardenales no
obedecen, y el pueblo hace lo que le apetece.”


En los asuntos puramente espirituales y religiosos la influencia
de Benedicto dejó una huella duradera en toda la Iglesia y su
administración. Sus Bulas y Encíclicas, que han jugado un papel tan
importante en definir y clarificar puntos oscuros y difíciles del
derecho eclesiástico, fueron tratados ilustrados llenos de sabiduría y
erudición. La enconada cuestión de los matrimonios mixtos, uniones entre
católicos y protestantes, pedía solución como consecuencia de la
creciente frecuencia con la que se producían. Mucha de la amargura del
tiempo de la Reforma había pasado y los protestantes querían celebrar
sus matrimonios con católicos solemnizados con las mismas ceremonias que
cuando ambas partes eran católicas. Aunque en Roma predominaba la
teoría de que las partes contrayentes eran los verdaderos ministros del
Sacramento del Matrimonio, no había unanimidad entre los teólogos sobre
este punto. Sin derogar lo más mínimo esta teoría, Benedicto en
respuesta a las preguntas de los obispos de muchos lugares,
especialmente de Holanda y Polonia, decretó en la Bula “Magnae nobis
admirationis” (29 de Junio de 1748) que los matrimonios mixtos serían
permitidos sólo bajo ciertas condiciones bien definidas, la principal de
las cuales era que los hijos nacidos de esos matrimonios debían ser
educados en la Fe Católica, pero que tales matrimonios, aunque
tolerados, nunca se celebrarían con las ceremonias que implican la
aprobación eclesiástica formal.


Relaciones con las Iglesias Orientales


Bajo la hábil mano de Benedicto se consumó una unión formal con
algunas de las Iglesias Orientales. Los frecuentes intentos de los
Patriarcas Melquitas Griegos de Alejandría, Antioquía, y Jerusalén de
lograr un reconocimiento de la Santa Sede no dio como resultado durante
mucho tiempo algún tipo de unión definida, por la insatisfacción por
parte de los papas con la formulación de los credos orientales. En 1744,
Benedicto XIV envió el palio a Serafín Tanas a quien reconoció como
Patriarca de los Melquitas Griegos de Antioquía. Los conflictos en la
Iglesia Maronita, tras la deposición de Jacob II, que amenazaron
seriamente su unidad fueron solucionados en un concilio nacional (1736)
cuyos decretos fueron aprobados por Benedicto. El 18 de Marzo de 1751
renovó las prohibiciones de Clemente XII contra los masones, y aunque
muy pocos gobiernos consideraban que la supresión de esta sociedad
demandara una acción decisiva por su parte, se aprobaron enseguida leyes
por España y Nápoles, y en 1757 por Milán. La controversia con respecto
a las costumbres chinas y de Malabar, o el sistema de acomodación al
paganismo que algunos misioneros habían permitido a sus conversos
practicar, y por el cual se decía que ideas y prácticas paganas se
habían injertado en el Cristianismo, fue terminado por Benedicto XIV que
publicó dos Bulas sobre esta cuestión, y requirió a los misioneros que
juraran que tales abusos no se tolerarían en el futuro. La Bula “Ex quo
singulari”, respecto de los abusos en China, fue publicada el 11 de
Julio de 1742; la relativa a Malabar, “Omnium sollicitudinem”, el 12 de
Septiembre de 1744. (Ver CHINA, INDIA.) A causa de la manera en que las
festividades de la iglesia se habían multiplicado, Benedicto se esforzó
en disminuirlas. Esto hizo en España en 1742, en Sicilia y Toscana en
1748, y más tarde en Cerdeña, Austria, y los Estados Pontificios. Tal
acción se enfrentó con fuerte oposición de muchos cardenales. Benedicto
acalló sus reproches diciendo que menos fiestas observadas de manera más
cristiana contribuirían más a la gloria de la religión.


Reformas Litúrgicas


En asuntos litúrgicos Benedicto XIV fue extremadamente
conservador. Veía con pesar los profundos cambios que habían sido
introducidos en el Calendario Romano desde la época de Paulo V. El
incremento en el número de fiestas de santos y la multiplicación de
oficios con rango de Duplex había reemplazado a los antiguos oficios
dominicales y de feria, y a lo largo de todo su pontificado se opuso
determinadamente a la introducción de cualquier nuevo oficio en el
Breviario, una política a la que se adhirió tan estrictamente que el
único cambio que sobrevino durante su administración fue que San León
Magno recibió el título de Doctor. Tan profundamente convencido estaba
de la necesidad de una completa revisión del Breviario que eliminara
aquellas partes en las que el sentido crítico del Siglo XVIII encontraba
defectos que encargó al jesuita Fabio Danzetto que preparara un informe
sobre la cuestión. Este informe en cuatro volúmenes de notas fue de
carácter tan radical que se dice que provocó que Benedicto desistiera de
su proyecto. El plan de reformar el Martirologio Romano fue, sin
embargo llevado a cabo con éxito, y bajo su autoridad se publicó una
nueva edición en Roma en 1748. Lo mismo se puede decir del “Cermoniale
Episcoporum”, cuya reforma emprendió Benedicto XIII y que Benedicto XIV
publicó (1752) en su forma ahora habitual. La obra clásica de Benedicto
sobre asuntos litúrgicos es su “De Servorum Dei Beatificatione et de
Beatorum Canonizatione” que aún regula el proceso de beatificación y
canonización. Otros escritos litúrgicos importantes de Benedicto
trataban del sacrificio de la Misa y las fiestas de Nuestro Señor, de la
Santísima Virgen, y de algunos santos. Aparte de estas publicó
numerosas obras sobre los ritos de los griegos y orientales; Bulas y
Breves sobre la celebración de la octava delos Santos Apóstoles, contra
el uso de imágenes supersticiosas, sobre la bendición del palio, contra
la música profana en las iglesias, sobre la rosa dorada, etc.


Con vistas a que el clero no estuviera carente de ciencia
eclesiástica e histórica, y que no perdiera la oportunidad de aprovechar
el progreso intelectual de la época, fundó en Roma cuatro academias
para el estudio de las antigüedades romanas, las antigüedades
cristianas, la historia de la Iglesia y los concilios, y la historia del
derecho canónico y la liturgia. También estableció un museo cristiano, y
encargó a Joseph Assemani que preparara un catálogo de los manuscritos
de la Biblioteca Vaticana, que enriqueció con la compra de la Biblioteca
Ottoboniana que contenía 3.300 manuscritos de valor e importancia
únicos. Fundó cátedras de química y matemáticas en la Universidad romana
conocida como la Sapienza, y muchas otras de pintura, escultura, etc.,
en otras escuelas. Sobre todas esas fundaciones ejerció la más estrecha
supervisión; también encontró tiempo para llevar a cabo muchos planes de
construcción y embellecimiento de iglesias en Roma. El hecho de que
Benedicto nunca elevara a un jesuita al cardenalato se atribuye a su
hostilidad a la Compañía; por otra parte, debe señalarse que fue a un
jesuita, Emmanuel Azevedo, al que encargó la edición íntegra de sus
obras (1747-51). Había sido urgido durante mucho tiempo por sus amigos
los cardenales Passionei y Archinto para que ordenara una completa
reforma de esa orden, pero no fue hasta el último año de su vida cuando
se emprendió una acción decisiva. El 1 de Abril de 1758 publicó un Breve
por el que el cardenal Saldanha era encargado de inspeccionar todos los
colegios y casas de la Compañía en Portugal, y emprender una reforma de
la misma, pero esta autoridad fue retirada por su sucesor, Clemente
XIII.


Benedicto XIV buscó solaz en la compañía de hombres ilustrados y
artistas, entre los que brilló por su talento y erudición. Alegre,
amable, y comunicativo, su conversación a veces asombraba, si no
chocaba, a las formales sensibilidades de los dignos cortesanos que se
ponían en contacto con él. Blando y afable en su conducta con todos los
que se le acercaban, al Papa no le faltaba a veces ni energía ni
ingenio. En una ocasión tuvo lugar una violenta escena en la que el Papa
expresó de la manera más decidida su desaprobación por las tácticas de
la corte francesa. Choiseul, el embajador francés, visitó el Vaticano
para pedir que el nombramiento del cardenal Archinto para suceder al
cardenal Valenti como secretario de Estado fuera aplazada hasta después
de que algunos asuntos en los que el rey de Francia estaba interesado
fueran decididos. El propio Choiseul da un relato de esta escena
(Cartas, p.169), sin contar, sin embargo, todos los detalles. La
conversación fue más amable de lo que Choiseul informó, y por las
“Mémoires” del Barón de Bersonval (p.106) sabemos que cuando el Papa se
hubo cansado de las importunidades de Choiseul le cogió del brazo y
empujándole a su propio asiento dijo:”Haga usted de Papa” (Fa el Papa).
Choiseul replicó: “No, Santo Padre, que cada uno haga su papel. Vos
continuad siendo Papa y yo seré embajador.” Esta brusquedad, sin
embargo, no era habitual en Benedicto. Podía ser alegre tanto como
serio. El abbate Galiani le presentó una vez una colección de minerales
diciendo: “Dic ut lapides isti panes fiant” (Manda que estas piedras se
conviertan en pan), y la insinuación no cayó en saco roto. El milagro
requerido fue realizado y el abbé recibió una pensión.


Para sus súbditos Benedicto fue un ídolo. Si se quejaban a veces
de que escribía demasiado y gobernaba demasiado poco, estaban de acuerdo
en que hablaba bien y con talento, y sus bromas y “bon mots” eran el
deleite de Roma. Las preocupaciones de estado, tras su elevación al
pontificado le impidieron dedicarse tanto como habría deseado a sus
estudios de épocas anteriores; pero nunca le faltó estímulo intelectual.
Se rodeó de hombres tales como Quirini, Garampi, Borgia, Muratori, y
mantuvo una activa correspondencia con sabios de distintas opiniones. Su
preeminencia intelectual era no sólo un motivo de orgullo para los
católicos, sino que creó un fuerte vínculo con muchos no creyentes.
Voltaire le dedicó su “Mahomet” con las palabras: “Au chef de la
véritable religion un écrit contre le fondateur d’une religion fausse et
barbare”. En otra ocasión compuso para un retrato del Papa el siguiente
dístico:


Lambertinus hic est, Romae decus, et pater orbis
Qui mundum scriptis docuit, virtutibus ornat.
(Este es Lambertini, el orgullo de Roma, y padre del mundo,
que enseña al mundo con sus escritos y lo honra con sus virtudes.)


El dístico causó discusión respecto a la duración de “hic”, pero
el Papa defendió la prosodia de Voltaire quien confirmó su opinión con
una cita de Virgilio que dijo debía ser el epitafio de Benedicto.


Grande como hombre, como sabio, como administrador, y como
sacerdote, la pretensión de Benedicto a la inmortalidad se funda
principalmente en sus admirables escritos eclesiásticos. Los más
importantes de entre ellos, aparte de los ya mencionados, son:
“Institutiones Ecclesiasticae”, escritas en italiano, pero traducidas al
latín por el P. Ildephonsus a S. Carolo; es una colección de 107
documentos, principalmente cartas pastorales, cartas a obispos y otros,
tratados independientes, instrucciones, etc., todos los cuales son
realmente disertaciones científicas sobre asuntos relacionados con el
derecho eclesiástico o el cuidado de las almas; la obra clásica “De
Synodo Dioecesana”, publicada tras su elevación al Papado, una
adaptación del derecho eclesiástico general a la administración
diocesana; este libro es llamado por Schulte, a causa de su influencia,
una de las más importantes, si no la más importante, obra moderna de
derecho canónico;


“Casus Conscientiae de mandato Prosp. Lambertini Archiep.Bono
propositi et resoluti”, valioso tanto para el abogado como para el
confesor; “Bullarum Benedicti XIV”, que contiene la legislación de su
pontificado, siendo muchos de sus documentos tratados científicos.
También recopiló un “Thesaurus Resolutionum Sacrae Congregationis
Concilii”, el primer intento de presentación científica de la “Praxis”
de las Congregaciones Roamnas. Una edición completa de sus obras
apareció en Roma (1747-51) en doce volúmenes in folio, por Emmanuel
Azevedo S.J., quien también tradujo al latín los documentos italianos.
Una edición mejor y más completa es la de Venecia, 1788. La más reciente
y más útil (Prato, 1844) es en diecisiete volúmenes. Algunas cartas de
Benedicto fueron publicadas por Kraus: “Briefe Benedicts XIV an den
Canonicus Pier Francesco Peggi in Bologna (1729-1758) nebst Benedicts
Diarium des Conclaves von 1740” (2ª ed., Friburgo, 1888). Cf. Batiffol,
"Inventaire des lettres inédites du Pape Bénoit XIV" (Paris, 1894); R.
De Martinis, "Acta Benedicti XIV"; (Naples, 1884, passim). En 1904
Heiner editó tres tratados hasta entonces inéditos de Benedicto XIV
sobre ritos, las fiestas de los Apóstoles, y los Sacramentos.


La mejor relación de los escritos de Benedicto y las fuentes para
su vida se contienen en la obra arriba mencionada de KRAUS. Ver también
GUARNACCHI, Vitæ et res gestæ Romanor. Pontif. et Card. a Clem. X usque
ad Clem XI (Roma, 1857); NOVAES, Storia de' Sommi Pontefici (Roma,
1822); RANKE, Die röm. Päpste in den letzten vier Jahrh. (Leipzig, ed.
1900); Vie du Pape Bened. XIV (París, 1783); GRÖNE, Papst­Geschichte
(Ratisbona, 1875), II. Para un largo relato sobre la Curia y el carácter
de los cardenales en la época de Benedicto XIV, ver CHOISEUL, Lettres
et Mémoires inédites, publiées par Maurice Boutry (París, 1895). Sobre
Benedicto como canonista ver SCHULTE, Gesch. der Quellen und Litt. des
can. Rechts (Stuttgart, 1880), III, 503 ss.


PATRICK J. HEALY


Transcrito por WGKofron


Con agradecimiento a la St. Mary's Church, Akron, Ohio


Traducido por Francisco Vázquez






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Día de la Expiación - Enciclopedia Católica

Día de la Expiación - Enciclopedia Católica




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Viernes, 1 de abril de 2016







Día de la Expiación





(Hebreo Yom Hakkippurim. Vulgata, Dies Expiationum, y Dies Propitiationis – Levítico 23,27-28)


Los ritos a observarse en el Día de la Expiación están completamente descritos en el capítulo 16 del Libro de Levítico (cf. Éxodo 30,10; Lev. 23,27-31, 25,9; Núm. 29,7-11). Era un ayuno
muy solemne, en el cual no se podía ingerir alimento durante todo el
día, y se prohibían los trabajos serviles. Se celebraba el día 10 de
Tischri, que cae en septiembre/octubre. Los sacrificios incluían un novillo, un carnero y siete corderos (Núm. 29,8-11). Pero la ceremonia distintiva del día era el ofrecimiento de dos machos cabríos.


“tomará Aarón
los dos machos cabríos y los presentará ante Yahveh, a la entrada de la
Tienda del Encuentro. Luego echará suertes sobre los dos machos
cabríos, uno para Yahveh, y otro para Azazel. Presentará el macho cabrío
sobre el cual haya caído la suerte para Yahveh ofreciéndolo como
sacrificio por el pecado.
El macho cabrío sobre el cual haya caído la suerte para Azazel, lo
colocará vivo delante de Yahveh para hacer sobre él la expiación y
echarlo al desierto, para Azazel. Acabada la expiación del santuario, de
la Tienda del Encuentro y del altar, Aarón presentará el macho cabrío
vivo. Imponiendo ambas manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo hará
confesión sobre él de todas las iniquidades de los israelitas y de todas las rebeldías en todos los pecados de ellos y cargándolas sobre la cabeza del macho cabrío, lo enviará al desierto
por medio de un hombre dispuesto para ello. Así el macho cabrío llevará
sobre sí todas las iniquidades de ellos, hacia una tierra árida; y
soltará el macho cabrío en el desierto. Luego entrará Aarón en la Tienda
del Encuentro.” (Lev. 16,7-10, 20-23).


El significado general de la ceremonia es suficientemente
mostrado en el texto. Pero los detalles presentan alguna dificultad.
La Vulgata caper emissarius, “cabro emisario”, representa el hebreo
oscuro Azazel, que no aparece en ningún otro lugar de la Biblia.
Se han hecho varios intentos por descifrar su significado. Algunos lo
han tomado como el nombre de un lugar donde el hombre que llevaba el
cabro lo arrojaba por un precipicio, pues pensaban que su regreso
pronosticaba el mal. Otros, con mejor razón, lo toman por el nombre de un espíritu del mal; y de hecho un espíritu con este nombre se menciona en el apócrifo Libro de Enoc,
posterior en la literatura judía. Sobre esta interpretación---la cual,
aunque no es nueva de ningún modo, halla el favor de algunos críticos
modernos---la idea
de la ceremonia podría parecer que los pecados eran devueltos al
demonio a cuya influencia debieron su origen. Se ha notado que ritos de
expiación algo similares prevalecían entre naciones paganas.
Y los críticos modernos, que remiten los pasajes anteriores al Código
Sacerdotal y a una fecha post-exílica, están dispuestos a considerar el
envío del macho cabrío a Azazel como una adaptación de un ceremonial
pre-existente.


La importante ceremonia observada en este solemne Día de Expiación lo que hace es dar una prominencia mayor a la necesidad de satisfacción y expiación que estaba presente en todos los ofrecimientos por el pecado ordinarios. Todos estos sacrificios por el pecado, como sabemos por las enseñanzas de la Epístola a los Hebreos, eran figura del gran Sacrifico por venir. Del mismo modo estos ritos de expiación judíos nos hablan de la Cruz de Cristo, y del Sacrificio propiciatorio que diariamente se renueva de una manera incruenta en el Altar Eucarístico. Por esta razón debe ser interesante notar, con Preboste Maltzew, que las oraciones judías usadas en el Día de la Expiación auguraban la conmemoración común de los santos y los fieles difuntos en nuestra Liturgia (Die Liturgien der orthodox-katholischen Kirche des Morgenlandes, 252).




Fuente: Kent, William. "Day of Atonement." The Catholic Encyclopedia. Vol. 2. New York: Robert Appleton Company, 1907. <http://www.newadvent.org/cathen/02054a.htm>.


Traducido por Luz María Hernández Medina.






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Sabbath - Enciclopedia Católica

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Viernes, 1 de abril de 2016







Sabbath





(Hebreo shabbath, cese, descanso; griego Sabbaton; Latín, Sabbatum).


El séptimo día de la semana entre los hebreos; contado de ocaso a
ocaso, o sea, desde el anochecer del viernes hasta el anochecer del
sábado.



Contenido

Prescripciones Respecto al Sabbath

El sábado era un día de descanso “consagrado a Yahveh” (Ex. 16,23; 31, 15; Dt. 5,14). Todo tipo de trabajo estaba prohibido, incluyendo tanto a los extranjeros como a los israelitas, a los animales como a los hombres
(Ex. 20,8-10; 31,13-17; Dt. 5,12-14). Las acciones particulares
siguientes se mencionan como prohibidas: cocinar (Ex. 16,23); recoger maná (16,26 ss.); sembrar y segar (34,21); encender fuego (para cocinar, 35,3); buscar leña (Nm. 15,32 ss.); llevar cargas (Jr. 17,21-22); pisar uvas, acarrear haces de trigo, y poner cargas en los animales (Neh.
13,15); comerciar (Neh. 13,15 ss.). Viajar, al menos por motivos
religiosos, no estaba prohibido; la prohibición de Ex. 16,29 se refiere
solamente a salir al campo para recoger comida; está implícito en la
institución de las reuniones sagradas (Lv. 23,2-3, texto hebreo), y se acostumbraba en tiempos de los reyes (2 Rey.
4,23). Sin embargo, en un periodo posterior, se limitó todo movimiento
a una distancia de 2000 codos (entre cinco y seis estadios), o un
“camino sabático” (Hch. 1,12). Se prescribía una abstención total del trabajo únicamente para el sábado y para el Día de la Expiación;
en los demás días de fiestas sólo se prohibía el trabajo servil (Ex
12,16; Lev. 23,7 ss.). La violación intencionada del sábado era
castigada con la muerte
(Ex. 31,14-15; Núm. 15,32-36). La prohibición del trabajo hizo
necesaria la preparación de alimentos, y todo aquello que pudiera ser
necesitado, el día anterior al sábado, conocido por tanto como Día de Preparación o Parasceve (paraskeue; Mt. 27,62; Mc. 25,42; etc.). Además de la abstención de trabajar, se prescribían observancias religiosas especiales. (a) Se duplicaban los sacrificios
diarios; es decir, por la mañana se ofrecían dos corderos sin tacha de
un año, y otros dos por la tarde, con el doble de la cantidad normal de
harina amasada con aceite y del vino de libación (Nm. 28,3-10). (b) Se
colocaban Panes de Proposición frescos ante el Señor (Lv. 24,5; 1 Crón. 9,32). (c) Se convocaría una asamblea santa en el santuario para el culto solemne (Lv. 23,2-3, texto hebreo; Ez. 46,3). No tenemos ningún detalle de lo que hacían aquellos que vivían lejos del santuario. El culto en las sinagogas
es del periodo post exílico; probablemente sea el desarrollo de una
costumbre antigua. En los días más remotos, la gente iba a oír las
instrucciones de los profetas (2 Rey. 4,23), y es probable que los encuentros para edificación y oración fueran normales desde tiempos más antiguos.



Significado del Sabbath

El sábado era la consagración a Dios de un día del periodo semanal como autor del universo y del tiempo. Siendo así el día del Señor, era obligatorio que la persona
se abstuviera de trabajar para sus propios fines o intereses, ya que
trabajando tomaría el día para sí mismo en lugar dedicar su actividad a
Dios con los actos especiales del culto positivo. Después de la alianza
sinaítica, Dios mantuvo su relación con Israel como Señor de la Alianza.
De ese modo el sábado también llegó a convertirse en una señal y su
observancia en un reconocimiento de la alianza: "Di a los israelitas: No
dejéis de guardar mis sábados, porque el sábado es una señal entre mí y
vosotros, de generación en generación, para que sepáis que yo soy
Yahveh, el que os santifico” (Ex. 31,13). Pero mientras el sábado era
ante todo un día religioso, tenía también su lado social y filantrópico.
También estaba destinado a ser un día de descanso y esparcimiento,
particularmente para los esclavos (Dt. 5,14). Con motivo del doble
carácter, religioso y filantrópico del día, se dan dos diferentes
razones para su observancia. La primera está tomada del descanso de Dios
en el séptimo día de la creación: "Pues en seis días hizo Yahveh el cielo
y la tierra,... y el séptimo descansó; por eso bendijo Yahveh el día
del sábado y lo santificó.” (Ex. 20,11; 31,17). Esto no significa que el
sábado haya sido instituido en el momento de la Creación, como algunos
comentadores piensan, sino que los israelitas querían imitar el ejemplo
de Dios y descansar en el día que Él había santificado con su descanso.
El sábado como señal de la alianza sinaítica recordaba la liberación de
la esclavitud de Egipto.
Por eso, en segundo lugar, a los israelitas se les ordena recordar que
una vez fueron esclavos en Egipto, y por tanto, en agradecimiento y
memoria de su salida deberían descansar y permitir también que sus
siervos descansaran (Dt. 5,14-15). Como recordatorio de los beneficios
de Dios a Israel el sábado sería un día de alegría (Is. 57,13) y así era en la práctica (cf. Oseas 2,11; Lam. 2,6). No se hacía ayuno en sábado (Jdt. 8, 6) por el contrario, se servían los alimentos más selectos y se invitaba a los amigos.



Origen del Sabbath

La primera mención del sábado está en conexión con la caída del maná
(Ex 16,22 ss.), pero ahí se presenta como una institución ya conocida de
los israelitas. Por consiguiente la legislación sinaítica sólo dio
fuerza de ley a una costumbre
existente, cuyo origen está envuelto en la oscuridad. No fue tomada de
los egipcios, ya que la semana de siete días terminando con un día de
descanso les era desconocida.
A fines del siglo XIX se defendía una teoría que le adscribía origen
babilónico. Una tableta cuneiforme presenta el shabattu como el
equivalente um nuh libbi, "día de apaciguamiento del corazón" (de los
dioses). Además, un calendario religioso con el mes intercalar Elul y el
mes Marchesvan menciona los días 7, 14, 21, 28, y 19; éste porque
probablemente era el cuadragésimo noveno día (7x7), desde el comienzo
del mes precedente, como días en los cuales el rey, el mago y el médico
se debían abstener de realizar ciertos actos. El rey, por ejemplo, no
debía comer alimentos preparados al fuego, usar ropas vistosas, montar
un carruaje o ejercer actos de autoridad. Estos días eran entonces días
de propiciación, por tanto días shabattu. Tenemos así periodos de siete
días, el último de los cuales estaba marcado por la abstención de
ciertas acciones y llamado shabattu, en otras palabras, el equivalente
al sábado. Un origen babilónico no es en sí mismo improbable, ya que Caldea fue originalmente la patria de los hebreos, pero no hay ninguna prueba
de que éste sea realmente el caso. La variante shabattu es incierta,
tampoco shapattu es probable. Además, no hay evidencia de que estos
días fueran llamados shabattu; los signos así leídos se encuentran
unidos sólo al día 15 del mes, donde, sin embargo, sha patti, "división"
del mes sea la traducción más probable. Además, estos días difieren
completamente del sábado. No eran días de descanso general, ya que los
asuntos se llevaban como en otros días. La abstención de ciertos actos
tenía por objeto calmar la ira de los dioses; Así que estos días eran días de penitencia, no de júbilo
como el sábado. Finalmente, aquellos, seguían las fases de la luna,
mientras que el sábado era independiente de ellos. Ya que el sábado
siempre aparece como una fiesta semanal sin conexión con la luna, no
puede decirse que se derive de la fiesta babilónica de la luna llena
como pretenden algunos escritores, ni siquiera del décimo quinto día del
mes cuya designación shabattu tiene un carácter dudoso.



Observancia del Sabbath

Las violaciones del sábado parece ser que eran bastante comunes antes y durante el exilio (Jer. 17,19 ss., Ez. 20,13.16.21.24; 22,8; 22,38); por tanto los profetas ponían gran énfasis en su correcta observancia (Amós 8,5; Is. 1,13; 58,13-14; Jer. refer. cit; Ez. 20,12 ss.). Después de la Restauración, el día fue profanado
abiertamente, y Nehemías encontró algunas dificultades para detener el
abuso (Neh. 13,15-22). Sin embargo, enseguida apareció un movimiento que
se inclinaba hacia una meticulosa observancia que sobrepasó lo que
contemplaba la ley. En tiempo de los Macabeos los fieles judíos se dejaban masacrar antes de luchar en sábado (1 Mac.
2,35-38); Matatías y sus seguidores se dieron cuenta de que dicha
actitud era equivocada y decidieron defenderse si eran atacados en
sábado, aunque ellos no asumían la ofensiva (1 Mac. 2,40-41; 2 Mac.
8,26). Bajo la influencia del rigorismo farisaico se elaboró un sistema
de pequeñas y gravosas reglas, mientras que el más alto propósito del
sábado se perdía de vista. El tratado Shabbath de la Mishna enumera
treinta y nueve títulos principales de acciones prohibidas, cada una de
ellas con subdivisiones. Entre los principales títulos se encuentran
acciones tan insignificantes como tejer con dos hilos, coser dos
puntadas, escribir dos letras, etc. Arrancar dos espigas de trigo se
consideraba como segar, mientras que frotarlas era una especie de
trillado (cf. Mt 12,1-2; Mc. 2,23-24; Lc. 6,1-2). Transportar un objeto
del peso de un higo se consideraba como llevar una carga; por esa
razón, cargar una camilla (Jn.
5,10) era una gran violación del sábado. Era ilegal curar en sábado, o
dar al enfermo una medicina a menos que su vida estuviese en peligro.
(cf. Mt. 12,10 ss.; Mc. 3,2 ss.; Lc.
6,7 ss.). Esto explica por qué le presentaban los enfermos a Cristo
después de la caída del sol (Mc. 1,32). Incluso se prohibía usar un
medicamento el día anterior si aquel producía sus efectos en sábado. En
tiempos de Cristo
se permitía sacar un animal de un hoyo (Mt. 12,11; Lc. 14,5), pero esto
fue más tarde modificado para que no se permitiera agarrarlo y sacarlo
fuera, aunque podría ayudársele a salir con colchones o cojines. Estos
ejemplos, que no son los peores, muestran la estrechez del sistema. Sin
embargo, algunas normas eran realmente gravosas, y un tratado de la
Mishna (Erubin) modera su rigor con sutiles artificios.



El Sabbath en el Nuevo Testamento

Mientras observa el sábado, Cristo protesta y actúa contra este
absurdo rigorismo que hace del hombre un esclavo del día. Reprendió a
los escribas
y [[fariseos}} por poner cargas intolerables sobre los hombros de la
gente. (Mt. 23,4), y proclamó el principio que dice: “el sábado fue
hecho para el hombre y no el hombre para el sábado” (Mc. 2,27). Curó en
sábado, y defendió a sus discípulos
por arrancar espigas en ese día. En sus discusiones con los fariseos
sobre este tema mostró que no se viola el sábado en caso de necesidad o por actos de caridad. (Mt. 12,3 ss; Mc. 2,25 ss; Lc. 6,3 ss; 14,5). San Pablo menciona el sábado entre las observancias judías que no son obligatorias para los cristianos (Col. 2,16; Gál. 4,9-10; Rom. 14,5). Los gentiles conversos celebraban sus reuniones religiosas el domingo (Hch. 20,7; 1 Cor. 16,2) y con la desaparición de las iglesias cristianas judías, se observó este día exclusivamente como el Día del Señor. (Vea domingo).




Bibliografía: EDERSHEIM, "Vida y Época de Jesús II" (Nueva York,
1897), 52-62, 777 ss.; SCHURER, "Hist. del Pueblo Judío" (Nueva York,
1891), vea índice; PINCHES, "Sapattu, el Sabbath Babilónico" en
"Proceed. Of Soc. Of Bibl. Archeol." (1904), 51-56; LAGRANGE, "Relig.
Semit." (París, 1905), 291-5; DHORME en "Rev. bibl." (1908), 462-6;
HERN, "Siebenzahl und Sabbath bei den Babyloniern un im A. T." (Leipzig,
1907); IDEM, Der Israelitische Sabbath" (Munster, 1909); KEIL, "Babel
und Bibelfrage" (Trier, 1903), 38-44; LOTZ, "Quaestiones de histor.
sabbati" (1883); LESETRE en VIGOUROUX, "Dicc. de la bible", s.v.
"Sabbat."


Fuente: Bechtel, Florentine. "Sabbath." The Catholic Encyclopedia. Vol. 13. New York: Robert Appleton Company, 1912. <http://www.newadvent.org/cathen/13287b.htm>.


Traducido por Alfredo Moreno Prieto. L H M






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Midrash - Wikipedia, la enciclopedia libre

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Midrash (1 en hebreo מדרש‎ ("explicación"), plural midrashim) es un término hebreo que designa un método de exégesis de un texto bíblico, dirigido al estudio o investigación que facilite la comprensión de la Torá. El término midrash
también puede referirse a una compilación de enseñanzas midráshicas en
forma de comentarios legales, exegéticos u homiléticos del Tanaj
(Biblia hebrea). Toma elementos actuales para ejemplificar de modo
comprensible textos antiguos. Proviene etimológicamente del verbo hebreo
darâs, que significa «buscar, investigar, estudiar».


Como segunda acepción, desaconsejada por algunos autores, en los
últimos años se viene hablando de estilo midráshico para denominar al
utilizado en algunos pasajes del Nuevo Testamento, por el cual se hace referencia a textos del Antiguo Testamento, que mezclados con hechos actuales para el autor, intentan hacer comprensibles los relatos neotestamentarios.
De textos midráshicos neotestamentarios podemos tomar como ejemplo el
bautismo de Jesús en el río Jordán, la visita de María la Virgen a su
prima Isabel,... entre otros muchos.



Índice

Formas de la literatura midrashica

Halajá

Se llaman así a los trabajos de la literatura rabínica en que están identificadas las fuentes del Tanaj en las leyes tradicionalmente recibidas. A menudo son anteriores a la Mishná. Su origen data del retorno de los judíos del exilio de Babilonia. Si bien la Torá
era el centro de la vida religiosa de todos los judíos, los estudiosos
coinciden en que el período está marcado por una gran diversidad, por lo
que la centralidad de la Torá variaría según los grupos. Una
preocupación de las autoridades judías era asegurar el cumplimiento de
los mandatos de la Torá. Ya que había sido escrita en el pasado, parecía
necesaria una adaptación o explicación para la vida contemporánea.


Hagadá

Son el conjunto de interpretaciones homiléticas de las partes no
legales de la Biblia hebrea. Se caracterizan por una mayor libertad de
exposición que la Halajá. Estas explicaciones podían ser disquisiciones
filosóficas o místicas sobre ángeles, demonios, el paraíso, el infierno,
el Mesías, Satán, leyendas, idolatría, etc.


Enlaces externos

Referencias